viernes 25 de julio de 2008

Padres añosos


Estamos viviendo en una época en la que cada vez se tienen hijos a edad más avanzada. Los motivos son múltiples, a veces no resulta fácil encontrar la estabilidad con una pareja, se prioriza la independencia, viajar, el éxito profesional o simplemente trabajar. Por otra parte han surgido en los últimos años el modelo de la segunda pareja y por tanto, también hijos fruto de la misma a una edad más tardía.

Ya no es extraño tener hijos en la franja de los 40 a los 50, cuando hace unos años era impensable. Unos chicos que tendrán la edad que podrían tener sus nietos cuando alcancen la mayoría de edad.

Mi reflexión no viene por parte de los sentimientos de los padres sino por cómo se sentirán esos chicos cuando con 20 años se encuentren con el problemón de padres de 70. Cuando en vez de vivir su juventud se encuentren con la responsabilidad de cuidar de sus ancianos progenitores. La relación que establecerán esos hijos con progenitores de los que les separa cuarenta o cincuenta años me parece complicada y llena de dificultades añadidas.

Me pregunto si es el egoísmo el que prima a la hora de decidir tener un hijo a esas edades, si realmente se piensa en la vida de ese hijo o en la propia. Pienso si sufrirán esos niños/adolescentes al ver envejecer tan pronto a sus padres.

Por Ley de vida esos hijos quedarán huérfanos mucho antes de lo que hasta ahora estamos acostumbrados y no disfrutarán muchos años de sus padres. Tampoco sus hijos, si los tienen, tendrán abuelos.
La edad más fértil en una mujer es de los 16 a los 28 años, aunque la ciencia haya conseguido prolongar esa fertilidad, la naturaleza es sabia y aún no sabemos las consecuencias que nos deparará el forzarla.

La edad de los padres no es lo que influye directamente en la crianza de los hijos, sino la etapa de la vida que están viviendo.
Cuando los padres son jóvenes, preparan al niño para sobrevivir en la exigencia y la competencia del mundo laboral, le enseñan tolerancia y tenacidad, que es lo que se requiere en el mundo que ellos están viviendo.
Los mayores, en cambio, les dan más oportunidades y les permiten "gozar la vida" porque uno con los años, se va relajando.

Es obvio que asistimos en vivo y en directo a un nuevo modelo de sociedad y que ésta evoluciona a pasos agigantados. Deberemos esperar a la segunda parte de este movimiento generacional que se nos avecina.

¿Tendrías hijos entre los 40 y los 50?

jueves 24 de julio de 2008

Cometas en el cielo


Impresionante. Ya sé que cuando algo me entusiasma soy un poco exagerada, pero a priori no hubiese imaginado una historia apasionante y estremecedora que deja al descubierto la miseria del corazón humano pero también la nobleza de la rectificación, aunque cueste años reunir el valor para conseguirlo. Me enganchó desde el primer momento.

Es de estos libros que regalaré cuando tenga ocasión porque me parece imposible que no guste.
Es un bullir constante de sentimientos olvidados, una forma de narrar nada rebuscada, y un acercamiento didáctico a la cultura islámica. Interesante, ágil, entretenido, bien escrito.

La trama se desarrolla en Afganistán, pasando por el discurrir sencillo de la vida antes del régimen talibán y el desconcierto devastador que se produce después. La vida agradable y moderada de la cultura musulmana y también la radical.

La vida de dos niños desigualados socialmente pero vinculados emocionalmente por fortísimos lazos, que no son óbice para las mayores crueldades por parte de uno de ellos. Una muestra clara que en nuestra infancia se cementa lo que seremos de adultos.

Una reflexión profundísima sobre la amistad, la desafección y la expiación posterior.

Una frase en la primera página que cobra sentido a lo largo del libro: “Hay una forma de volver a ser bueno”.

Me ha transmitido y enriquecido tanto que me parece total y absolutamente indispensable.
Solo una pega y me atrevo a decirla muy bajito, creo que con 30 páginas menos hubiera estado redondo.

Autor: Khaled Hosseini

A continuación he hecho algo que jamás había hecho. El mismo día que terminé el libro, ví la película. No puedo comparar porque si lo hago el libro es claramente superior, pero aún así, la peli me gustó mucho.

La adaptación es buena, me gustó ponerle rostro a los protagonistas, pero evidentemente jugué con ventaja porque disponía de muchas más información de la trama que la que se ve en el film, por eso mismo, seguro que no soy parcial en mi opinión. Me defraudaron un poco los actores porque me resultaron un poco sosillos y no transmiten los sentimientos profundos que tenían los protagonistas.

En cualquier caso se consigue mostrar una historia interesante y bonita, sin apenas fisuras.

Debería de hacer esto más a menudo, leer el libro y después ver la peli, me ha parecido una experiencia DIEZ.



martes 22 de julio de 2008

Las Lapas

Me gustan más las playas de las afueras de La Coruña, pero durante la semana por pereza suelo ir a las que hay en la propia ciudad. Las más grandes son las del Orzán y la de Riazor que cubren gran parte del Paseo Marítimo, pero los días realmente buenos como el de hoy se convierten en una jungla de gente y páso. Cuando el calor aprieta y ya antes de salir de casa decido que me voy a bañar (a veces solo tomo el sol), voy a una calita que hay al lado de la Torre de Hércules y que se llama Las Lapas. Me he auto convencido que por lo recogida, el agua está más caliente. En realidad, si lo pienso bien, es una tontería, el agua está tan fría como en cualquier otra. Es igual, bañarme en el mar me rechifla y aquí en el norte hay que ser valiente para meterse en el agua. Me voy mojando poco a poco hasta que mi cuerpo adquiere la misma temperatura del agua, intento no gritar mientras eso ocurre, sobre todo por no desanimar a los que están en la orilla pensando si se atreverán a congelar algo más que sus pies. Una vez entumecida, entonces lo paso genial en el agua. Nado poco y mal, pero floto bárbaro, así que mas que nadar lo que hago es jugar mucho en el agua.

Hoy me bañé dos veces, ha sido una tarde estupenda de playa. He ido sola, con un libro, música, la sombrilla, agua y mil botes de diferentes índices de protección. En general y salvo honrosas excepciones, prefiero ir sola a la playa. Me gusta observar a la gente, leer un rato, escuchar música durante otro, bañarme, tomar el sol sin hacer nada y hasta alguna vez escucho alguna conversación interesante de quien está cerca y no baja el tono ni para las confidencias (hoy me ha pasado). Pero es agotador, al volver me he duchado, he tenido que colocar la bolsa, lavar el biquini, la toalla y he hecho una macedonia de fruta. He regresado con un apetito atroz, así que he cenado más de lo que lo hago habitualmente. Espero que los dos baños compensen y si no fuese así, da igual, al fin y al cabo, no vivo del cuerpo, aunque no he de olvidar el plan “contención y freno al desparrame” o no podré ponerme las camisetas de verano que tanto me gustan.

Mañana parece ser que volverá a hacer buen tiempo. Intento mentalizarme para que la pereza no me venza, porque aquí uno ha de aprovechar los días según vienen y no esperar al finde que igual está fatal. Pero tengo que reconocer que cuando llevo cuatro días seguidos yendo a la playa deseo con todas mis fuerzas que venga un día nublado para poder quedarme en casa sin que los remordimientos me asalten.

¡¡Qué bonito es el verano pero cuánto cansa!!

lunes 21 de julio de 2008

21 de julio de 2000

Dos vidas hechas y distintas. Dos personalidades fuertes con ideas muy claras y antagónicas en algunos aspectos, los menos. Una química fortísima. Ni el mínimo conflicto en la cercanía y todos en la distancia. Una media de ruptura mensual durante los primeros dos años que daban lugar a reconciliaciones antológicas para volver a lo mismo poco tiempo después.


Dos rupturas definitivas.


Cuatro meses duró la primera y como en la mejor película de ficción el destino se encargó de lo demás. Nos encontramos por sorpresa en una ciudad alejada a las nuestras de residencia sin que ambos lo hubiésemos podido aventurar ni remotamente. Qué alegría volver a vernos, teníamos tanto que contarnos, nos atropellábamos al hablar y por supuesto, nueva reconciliación. Ayyyyyyyy, el azar.

Un período largo de tranquilidad abocó a poner sobre la mesa una vez más las diferencias de planteamientos de dos personas de carácter y la segunda ruptura definitiva servida en bandeja.

Seis meses duró en este caso. Ambos nos habíamos jurado a nosotros mismos que “nunca más”, ésta sería la súper definitiva.

Algunas personas pasaron por nuestra vida en este período sin que ninguna consiguiera hacerse el hueco suficiente. El orgullo nos negaba pensar en otra oportunidad, hasta que bajamos la guardia. Uno que otro sms nos fue acercando nuevamente y como un torrente se sucedieron los acontecimientos que provocaron un nuevo y por ahora, definitivo acercamiento.

Hace ya algún tiempo que la serenidad y la madurez pintan fuerte entre nosotros. Hemos aprendido a querernos en las diferencias, a conjugar y compatibilizar, a relajarnos y a disfrutar en tranquilidad. Ha desaparecido el mañana y nos hemos centrado solo en el hoy. Nos hemos dado cuenta que tener un encaje tan fuerte, unos gustos tan parecidos, una risa tan constante, un dialogo tan intenso y un cariño desbordante es muy muy muy difícil de conseguir entre dos personas. Aprovecharlo hasta que se acabe se ha convertido en nuestra máxima.

Hoy se cumplen 8 años del día en que nos conocimos.

Es imposible saber si cumpliremos el 9º. Las relaciones son tan frágiles que ni las más consolidadas están blindadas contra una tenue ráfaga de aire que puede arrasarlas en segundos. Lo que si sé, es que ya nadie podrá robarnos el tesoro que guarda nuestra memoria de tantos y tantos buenos momentos.

¡¡Feliz aniversario, E!!, brindemos porque, como decía Vinicius de Moraes,...

¡¡¡El amor sea eterno mientras dure!!!


jueves 17 de julio de 2008

Hijos de puta, hay en todas partes...


Nuestras vacaciones este año estaban programadas por el sur de Francia, una serie de ciudades y pueblitos en los que pensábamos compatibilizar playa y cultura.

Alcanzamos a visitar Foix, Perpignan y Narbonne.

Al cuarto día se produjo un episodio que marcó el resto de las vacaciones.

Salimos de Narbonne ya al finalizar el día y con destino a Sete. Buscando un área de descanso para caravanas en la autopista se hizo demasiado tarde, a las 23h, decidimos parar en una en la que había unos cuantos camiones.

A las 6 de la mañana nos despertamos con la puerta del habitáculo abierta de par en par. Nos robaron un equipo de fotografía semiprofesional valorado en más de dos mil euros, un portátil nuevo, el GPS y unos trescientos euros en metálico (alguna otra cosilla como gafas, etc. Dejaron la documentación, las llaves y la VISA. Su manera de operar fue la siguiente, cortaron con un cúter las gomas de los dos cristales triangulares de la cabina y a través de ellos llegaron a mi bolso que estaba en el asiento del copiloto, ahí estaban las llaves con las que abrieron la puerta. Muy a mano tenían el portátil y la bolsa con la cámara y los objetivos. Tengo que decir que todo estaba oculto a ojos del exterior por una cortina que cierra la cabina. ¿Lo peor? nosotros estábamos durmiendo y no nos enteramos de nada por lo que creemos que nos hicieron inhalar algún gas narcótico. Fue en nuestro 4º día de unas vacaciones programadas para 15. El disgusto fue morrocotudo, no tanto por lo robado sino por habernos sabido indefensos ante unas personas que podían habernos hecho cualquier tipo de daño.

A partir de ahí, sin cristales, asustados y agobiados, decidimos dejar Francia e ir a Andorra a reponer lo robado. Dos días allí, con un calor tremendo, nos dedicamos a pedir presupuestos, buscar, comparar y finalmente comprar. Agotados por la falta de formalidad de ese comercio andorrano que ellos denominan “libre” y que parece sinónimo de trapicheo sin la mínima pizca de seriedad. En cuanto tuvimos todo, nos largamos de allí.
Completado el tema de “reposición de lo robado”, nos quedaba reponer los cristales de la auto caravana, así que tomamos rumbo a España en busca de un concesionario FIAT.

Lo encontramos en Figueras y fue allí donde encontramos los cristales, un día para colocarlos. Al recogerla se habían dado cuenta que un cristal estaba en mal estado, otro día de espera para cambiarlo. Decidimos poner la alarma en el mismo taller, cuando fuimos a recogerla por la tarde, se les había olvidado ponerla en una puerta, otro día de espera. También compramos unas cadenas para unir las puertas por dentro con un candado, que son tan tan grandes que pesan, DOCE kilos, verlas me provoca risa. Se trata de ponérselo difícil, si lo ven complicado, igual desisten (una que no pierde el optimismo).

Los días se iban sucediendo y sumando contratiempos. Al final, aunque fuese una tontería lo que nos sucediese, era una, más una, más otra y todas juntas parecían que el mundo se nos había puesto en contra.

Tengo que decir que durante los años que llevamos viajando en la “Chanchicar” jamás nos había ocurrido nada digno de reseñar, pero el episodio del robo fue dramático.

A pesar de que E y yo tenemos una comunicación constante de muy buen rollo y lo verbalizamos todo, enseguida buscamos una solución a un problema, tuvimos bajones, que por suerte, no fueron simultáneos y cuando uno estaba un poco más mustio el otro le animaba, pero fue chungo.

Roto nuestro plan francés y sin querer volver a casa antes de lo pensado, sobre el camino decidimos ir a la Expo de Zaragoza. Compramos el bono de los tres días y rehicimos nuestro ánimo. El primer día, doce horas de expo, el segundo día, catorce horas. Ese segundo día pensábamos quedarnos al espectáculo nocturno, pero hubo tormenta y se suspendió el Iceberg y los conciertos de Dulce Pontes y Estrella Morente. Casi mejor, ya no podía ni pensar, me sentía muerta de cansancio. El calor fue tremendo y sólo las entradas a los pabellones con aire acondicionado hicieron algo más llevadera la estancia. Una de esas noches E, me invitó a cenar en la parrillada que Uruguay tiene allí. Un restaurante situado en una zona privilegiada, con capacidad para más de trescientas personas y donde era imposible entrar sin hacer cola (llenaban todos los días). Me apena decir (soy uruguaya) que nos timaron como nunca. La carne no era ni la mitad de sabrosa que es en Uruguay, los platos escasísimos y tan caros que ni en los mejores restaurantes españoles te cobran esas cantidades por quedarte con hambre. Ya se sabe que en la Expo, todo es más caro, pero ya nos habían robado en Francia, aquí fue más sutil, pero igual fue un robo. Una vergüenza.

El tercer y último día de Expo ya estábamos agotados y algo desilusionados, así que después de comer, una nueva tormenta imprevista provocó nuestra marcha antes de lo planeado. Yo no había visitado la otra expo, así que no tenía referencias a la hora de comparar, pero lo que he visto no me impresionó ni me impactó. E, que sí visitó la expo de Sevilla dice que ésta última le gana por goleada.

Teníamos pensado dedicar un día más para visitar Zaragoza, ver El Pilar y la Seo, pero el agotamiento era tal, que pensamos dejarlo para mejor ocasión e irnos.

Poco a poco iniciamos viaje de regreso.

Paramos en La Guardia (Alava) donde visitamos Sta. María de los Reyes, una iglesia gótica con uno de los pórticos más maravillosos que jamás he visto. Estábamos contentos, el pueblo de estilo medieval es precioso y la visita a la iglesia nos tenía de muy buen humor. Esta vez fui yo quien invitó a E a una comida estupenda y un vino delicioso, recomendación del dueño del restaurante.




Al ladito, un pueblo que se llama “El Ciego”, visitamos (es un decir, solo lo vimos de lejos) el edificio diseñado por Frank Gehry (el mismo del Guggen) a encargo del marqués de Riscal, una verdadera joya de la arquitectura moderna.




Terminamos en Laredo, donde la suerte nos acompañó con un espléndido día de playa.

En fin, que después de tantos contratiempos y sin sabores durante más de quince días dentro de una auto caravana, ni E ni yo hemos tenido deseos de sacarnos los ojos y hemos conseguido que los mejores momentos de este viaje fuesen, sin duda, los que ambos nos proporcionamos.

De momento, no quiero ni pensar en la segunda parte de nuestras vacaciones, por ahora, solo quiero relax y reintegrarme a mis ocupaciones diarias con tranquilidad.

Han sido las vacaciones más traumáticas que hemos tenido y aún así, estoy contenta de no haber sufrido ni un rasguño.

Confío en olvidar pronto este episodio y que no marque viajes futuros.

viernes 27 de junio de 2008

Descubriendo lugares...

Nunca iba de vacaciones y como a todo se acostumbra una, tampoco me parecía una tragedia griega. Desde hace 8 años, voy todos los veranos, puentes, acueductos, y todo lo que pueda juntar más de dos días. Me da igual comer un bocata, he descubierto que conocer lugares me rechifla.
El verano pasado, en estas fechas tenía programadas mis vacaciones como hago habitualmente. Las primeras, los primeros quince días de julio, las segundas, la última quincena de agosto. Sin embargo, el 19 de junio de 2007, un cirujano muy cariñoso (tremendo, nunca vi un médico que diera tantos besos a una paciente), sin tener en cuenta mis planes, decidió abrir mi barriga de arriba a abajo para ver si tenía sorpresa como los huevos Kinder. A los quince días, salí del hospital y a la mañana siguiente decidí que tenía que comprarme un traje de baño monísimo ya que no podía tomar sol en la panza . Me
fui a El Corte Inglés a probarme varios y preciosos triquinis. Aún recuerdo los sudores que pasé en el probador, hacía calor, sí, pero tengo que reconocer que por momentos me dolía hasta el pensamiento. La vida aunque sea muy larga, para disfrutar, siempre es corta. Eso me dijo mi cariñosisimo cirujano cuando le pregunté si podía irme de vacaciones.

Igual, cambié el destino, (no estaba para hacer miles de km.) pero me fui de vacaciones, en julio y después las segundas, en agosto.

Este año no espero sorpresas (claro que el año pasado tampoco las esperaba), así que ya compré nuevos biquinis, ya puedo tomar el sol y la cicatriz se ha convertido en una fina línea. Más de cuatro mil kilómetros (entre ida y vuelta) me aguardan.

Uauuuuuuuuuuuu, tengo cuerpo de jota, el itinerario hecho y estudiado, programado lo que quiero ver y las playas que quiero disfrutar. Este verano todo será más divertido, menos cansado y más saludable.

Hasta la vuelta, que seáis felices, yo intento no perder ni un minuto en tonterías.

martes 24 de junio de 2008

¿Amor o sentimiento de posesión?


¿qué son los celos?.

Podríamos definirlos como un estado emotivo ansioso que padece una persona y que se caracteriza por el miedo ante la posibilidad de perder lo que se posee-tiene, o se considera que se tiene-posee, o se debiera tener-poseer (amor, poder, imagen profesional o social...).

Los celos no son amor
.

En muchas situaciones de celos hay, más que amor o miedo a la soledad, otras causas: sentimientos de posesión del otro, de necesidad de controlarle, de inseguridad en uno mismo, de envidia hacia la mayor riqueza de la vida emocional del otro...

"Los celos son malos consejeros" dice el refrán.

Es mentira que los celos tengan encanto y que transmitan "lo mucho que le quiero".

Los celos rompen y enturbian las relaciones, y los individuos celosos acaban minando, con su posesividad y persecución asfixiantes el equilibrio en la pareja que se basa en la ternura, la comprensión, la tolerancia y el respeto a la autonomía del otro.

No creo que nadie esté a salvo de padecer un ataque de celos, pero en ese momento es cuando nuestra inteligencia emocional debe de prevalecer por encima de todo.

No soy una pesona celosa por hábito o naturaleza, pero mamonadas me gustan las mínimas y de tonta tengo lo justo.
No ando detrás de nadie porque me horroriza y
me espantaría que me lo hiciesen. Por otra parte me parece demasiado agotador. Dicho lo cual, si me la pegan y no me entero, aquí paz y después gloria.
Si reconozco un
motivo real para sentir celos, creo que es el momento de afrontar la situación de pareja. Armarse de valor y hablar, hablar, hablar hasta ver el fondo de la cuestión, y ver si se puede superar o ha llegado el momento de pasar página.

Por otra parte, aunque no guste reconocerlo casi todo tiene un final, y el amor también puede tener fecha de caducidad. (de hecho es lo más habitual) pretender preservarlo con un control extremo sobre el otro no hará sino adelantar ese final.
¿Eres celos@?